Imagina contemplarle cómo contemplé la botella aquella noche cualquiera. Remplaza los besos y las caricicias por el agridulce de cada trago, esa dulce y amarga sensación de disfrutar el momento, aún sabiendo, que más tarde te vas arrepentir.
Así es ella, una magna y totalmente malagradecida tentación.
Sin embargo, tal y como a la botella de aquella noche cualquiera, y 'tal vez' un poco más, creo extrañarle.
¿Por qué?
¡Vaya el MALDITO Lucifer a saber!
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