Barcos de Papel (STAND BY)

Barcos de Papel (STAND BY)

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WpMetadataNoticeLast published Sat, Oct 6, 2018
- ¿Un barco de papel?- preguntó intrigado, sin saber mucho a qué se refería. - Ya sabes lo que dicen...- no paraba de mirar sus propias manos mientras cogía otro folio que se disponía a plegar. -Barcos de papel...- continuó el chico- sueños de madera. El muchacho seguía observándolo anonadado. -Yo soy un barco de papel- afirmó abriendo sus grandes y brillantes ojos grises.
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Daisy siempre soñó con el típico príncipe azul, aquel que llegaría montado en su caballo blanco, lleno de virtudes y una sonrisa gentil que traería paz a su vida. Sus expectativas estaban firmemente arraigadas en las historias que siempre había escuchado, las mismas que pintaban al amor como algo perfecto, predecible y seguro. Pero la vida tenía otros planes, y el destino le presentó algo completamente diferente: el príncipe Damián Filip Zelený Voda. Con sus ojos verdes llenos de misterio y su sonrisa desafiante, Damián era todo lo que Daisy jamás pensó que necesitaría. No era el príncipe soñado, sino el príncipe real, uno que rompía reglas, que llevaba el caos y la pasión dondequiera que iba. Inteligente, valiente y seguro de sí mismo, él no se conformaba con ser un reflejo de lo esperado, sino que vivía según sus propias reglas, trayendo consigo una energía que Daisy no estaba preparada para enfrentar. Desde el primer momento que sus miradas se cruzaron, Daisy sintió cómo el suelo bajo sus pies comenzaba a tambalear. La estabilidad que tanto anhelaba se desvaneció en un instante, reemplazada por una atracción tan intensa que la dejaba sin aliento. Damián no era solo un chico malo; él era el fuego que encendía algo dentro de ella, una chispa que no sabía que existía. Cada palabra suya, cada sonrisa provocativa, la arrastraban más y más hacia un mundo donde el control ya no tenía lugar. "El amor es mi religión," pensaba Daisy, pero Damián era su fe. Él era su tentación, su contradicción, un rompecabezas que no podía dejar de armar. Caer por él fue como caer de la gracia, una caída que no podía ni quería detener. Porque aunque todos los buenos chicos van al cielo, Damián, con su toque peligroso y su corazón rebelde, le trajo el cielo a ella.

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