Wail's Garden

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WpMetadataNoticeDernière publication jeu., déc. 22, 2022
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Fiction
Romance
Cuando los sueños son aplastados. Cuando la esperanza se manipula. Cuando la tristeza se vuelve una amiga y la soledad, el confidente. Cuando la negatividad inunda y la angustia quema, el miedo se vuelve dueño, un dominante por naturaleza. Sin dignidad. Sin razones. Sin objetivos. Eso era lo que se sentía, eso era lo que era. Un cuerpo muerto. Un cuerpo vacío con posibilidad de regresar a la vida. Y eso sucedería... O al menos, era lo que pensaba que pasaría. Está expresamente prohibido copiar, transmitir, retransmitir, transcribir, almacenar, alterar o reproducir por cualquier medio electrónico o mecánico el contenido de esta obra, sin permiso escrito por parte del autor. Respeta por favor.
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Cautelosa, así es como solían describirme, una mujer recelosa pero decidida, con una visión clara de lo que quería. No desperdiciaba mi tiempo en cosas inciertas; la mujer que nunca se dejaba llevar por impulsos, la que sabía cuándo hablar y cuándo dejar que el silencio gobernara. Estas fueron las frases con las que a menudo me elogiaban, asegurando que eran cualidades excelentes, pero yo lo llamaba de otra manera. Cobarde, sí, esa definitivamente era una palabra perfecta para describirme. Tenía un pacto no escrito con la rutina, y la monotonía era mi fiel compañera. Porque la emoción, señores, no es una chispa inofensiva; es un sendero de gasolina esperando la llama que lo encienda todo. Y el fuego... lo odio. Lo temo. Porque ya lo sentí en la piel. Ya bailé al compás de sus lenguas abrasadoras, y cuando terminó, me dejó hecha cenizas. Y ¿saben qué? Fui una estúpida. Pensé que vivir en la seguridad de lo predecible me salvaría. Que si mantenía el ritmo lento y apagado, las llamas no volverían a alcanzarme. Qué ingenua. Lo que nadie te dice es que la rutina es un bosque seco, acumulando suspiros sin pasión, y el aburrimiento, un polvorín esperando una chispa minúscula para devorarlo todo. Y así fue. Evitando el fuego, caminé directo al infierno. Qué irónica es la vida; evitaba el fuego y terminé encontrándome cara a cara con el mismísimo infierno.

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