Un Desayuno Llamado Inocencia

Un Desayuno Llamado Inocencia

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WpMetadataNoticeLast published Mon, Nov 4, 2019
Angela Love a sus quince años descubrió que quería ser en la vida, aparte de tener su propia tienda de juguetes sexuales, pensaba en crear los mejores juguetes sexuales que el mundo había visto; así que se asoció con sus vecinos gemelos; Benjamin Goodman, un chico muy inteligente que estudiaba medicina y Franklin Goodman, un chico no tan inteligente pero aplicado, que estudiaba ingeniería. La primera idea que tuvo Angela fue ahorrar para comprar su primera impresora 3D.
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#239
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Londres, 1943. Eleanor Hartley, de dieciséis años, caminaba silenciosa por los largos pasillos del cuartel general, siguiendo de cerca a su padre, un diplomático de voz firme y paso decidido. No tenía con quién quedarse aquella tarde, así que su padre le había ofrecido acompañarlo a su trabajo, aunque Eleanor preferiría mil veces estar en su habitación leyendo o soñando despierta. Su rostro sereno y su sonrisa suave llamaban la atención sin esfuerzo. No era una jovencita ruidosa ni estridente; era tranquila, respetuosa hasta el extremo, y parecía llevar en ella esa belleza clásica y atemporal que nunca pasa de moda. Sus ojos tenían una mirada sensible, como si llevara guardados secretos en lo profundo, y aunque pocas palabras salían de sus labios, cada gesto suyo parecía medir el mundo con delicadeza. Eleanor adoraba la idea del amor, aunque nunca se había permitido pensar en él con la ingenuidad propia de su edad. En el fondo, era una romántica empedernida, amante de la idea de enamorarse, de esos momentos robados donde el tiempo parece detenerse. Sin embargo, la guerra había endurecido todo a su alrededor, y ella aprendía a guardar sus sentimientos, a protegerlos como un tesoro escondido. Fue entonces cuando lo vio por primera vez: Steve Rogers, veintitrés años, flaco y nervioso, pero con una determinación palpable en cada movimiento. Se acercó a la sala de reuniones donde su padre debía presentarse y, sin saberlo, dos mundos a punto de colisionar se miraron a los ojos.

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