Notting Hill, un barrio tan victoriano y armonioso, con sus calles coloridas y llenas de mercancías que vender, pequeños puestos que invadían las veredas. Así era Notting Hill cada día.
Solo en las noches se convertían en una pesadilla, donde la luz parpadeante de aquél farol en la calle alumbraba aquella alta, oscura y en curvada figura. Solo esa brillosa y cínica sonría se mostraba, al ritmo de la canción que esa cajita resonaba. Su mirada puesta en aquella casa victoriana, donde comenzaría su divertido juego.
« El solo quería divertirse, pero incluso una entidad cósmica puede tener sentimientos. »
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