Liam Underwood no era especial. Y eso irónicamente lo hacía invisible. Su vida seguía el guion de cualquier adolescente hasta que el traslado laboral de sus padres lo obligó a empezar de cero en un nueva universidad. Allí, entre clases anónimas y pasillos que aún no memorizaba, algo comenzó a resquebrajarse. Las amistades que empezó a crear, el amor que lo encontró sin avisar y las decisiones que parecían insignificantes fueron tallando en él una versión que no reconocería en el espejo. "Un cuadro solo dice más que mil palabras... pero nadie le advirtió que él era el lienzo."
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