
En este pequeño ensayo pretendo escribir sobre los celos y el desamor, que conllevan posteriormente a la venganza; apelando a dos obras de escritores franceses para sostener mi argumento, ellas son: "Andrómaca" (Racine) y "Las preciosas ridículas" (Moliere). Aquí, deseo demostrar que la venganza nunca es la mejor manera de concluir un despecho, y aunque llevada a cabo algunas veces resulte satisfactoria, sólo nos tendrá la mente ocupada en el pasado; para esta demostración utilizaré citas de las mismísimas obras, las cuales nombré anteriormente.Wszelkie Prawa Zastrzeżone
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