Historia corta. Las decepciones amorosas no deberían ser la razón para una venganza, para romper más corazones. Ella lo sabía, pero se sentía impotente y dolida al sentir, otra vez, su corazón roto, sus ojos con lágrimas y sus sentimientos lastimados. La visión de ese panorama tan injusto y fuerte para su alma romántica y corazón estúpido le hicieron querer cambiar las reglas de juego. Por primera vez, no iba a ser ella la que lloraba, no iba a ser ella la que terminaba con esa sensación de decepción, de desazón. No iba a ser ella la que terminara con el corazón roto.
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