No recuerdo qué me rompió. Pero lo siento dentro, como astillas bajo la piel. Sobreviví a un intento de suicidio. Eso dicen. Pero no estoy segura si quería morir... o si alguien más quería que lo hiciera. Me obligaron a sentarme en una silla, mirar a un hombre con voz suave y abrir heridas que ni siquiera sabía que tenía. Cada sesión me arranca algo. Cada recuerdo me devuelve a un lugar que juro no conocer. Pero hay un diario. Uno que yo escribí... con una confesión que no recuerdo haber hecho. Hay una verdad allá adentro. Y me está esperando con los dientes afilados.
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