Ayer, Hoy y Nunca
Dicen que el tiempo lo cura todo.
Pero en neuvielle, el tiempo no avanza. Solo da vueltas.
A las tres con treinta y tres, el viento sopla con voz de niño.
Las flores se cierran como párpados. Los relojes se detienen.
Y el internado respira, como una criatura dormida que sueña con épocas que ya no existen.
Nadie lo nota.
Nadie lo recuerda.
O al menos, eso quieren creer.
Las muchachas repiten sus clases de piano con las mismas notas desafinadas.
Los pasillos crujen en los mismos lugares.
La carta que nunca llegó, vuelve a enviarse.
La caída por la escalera. La noche en que ardió la biblioteca. El susurro detrás del espejo.
Todo ocurre.
Y luego, todo vuelve a comenzar.
Pero esta vez, hay algo distinto.
Un nombre escrito en tinta roja, en un cuaderno olvidado en la biblioteca de 1902:
"Liliane"
Un nombre que nadie ha pronunciado en más de un siglo.
Y sin embargo, ella ha regresado.
Con un abrigo gris y una maleta vieja. Con una carta de admisión en la mano, y una cicatriz invisible en el corazón.
Se hace llamar Lilith, aunque no sabe por qué.
Ella cree que ha llegado al internado por primera vez. Cree que su historia apenas comienza.
Pero neuvielle la recuerda.
Los muros la han visto morir.
Los relojes la han visto volver.
Y el tiempo, cruel y elegante como un vals fúnebre, se prepara para comenzar su danza otra vez.