Flores para Temo (Aristemo) [Adaptación]
Cuauhtémoc se había ido, Cuauhtémoc finalmente lo había dejado.
Aristóteles estaba asomado en la ventana de la habitación que, hasta ese día, había pertenecido a su hermano menor. Se fumaba el quinto cigarrillo de la noche mientras miraba al cielo y pensaba en todos los errores que había cometido, en todas las heridas que los habían llevado a este punto, a una verdadera ruptura.
Un suspiro, otra calada.
Con una mano sostenía el cigarro y con la otra apretaba sus ojos, frotándolos con sus dedos, sintiéndolos calientes y secos luego de tanto llorar en silencio; su Temo, su Tahi ya no era suyo, y lo atormentaba saber que él mismo se había encargado de perderlo.
Se había ido, finalmente lo había dejado.
ADAPTACIÓN
OBRA ORIGINAL: dulceclementina
3era Parte