A pesar de ser el gran brujo de Londres, Louis vive escapando de una extraña oscuridad que lo atormenta. No obstante, no es el mayor problema de su vida cuando su magia comienza a dar fallos, saltos, berrinches y golpes de repente. Algo absorbe su poder; un ser más oscuro que las mismísimas tinieblas comienza la guerra.
Esperanzado anhela que la luz reine y la oscuridad decaiga, aguardando al último brujo de las leyendas mágicas que sus ancestros le habían contado: el más poderoso que ha pisado la Tierra, el brujo de los doce elementos y dueño de todo ser diabólico, angelical y mágico del mundo.
Una noche, Louis descubre pistas de un brujo que intentaba conspirar en contra suya, pero al intentar seguirlo, se topa con un humano increíblemente auténtico, de poderosas energías, causándole problemas: Harry Styles.
Harry ha vivido la mitad de su vida encerrado, aguardando el despertar de su madre que se halla sobre una camilla de hospital, en coma desde hace catorce años. Fragmentos de extraños sueños le van dejando piezas de un rompecabezas, que lo guían hasta unos ojos azules en llamas. ¿Podrán ambos seres de diferentes mundos luchar contra la oscuridad?
Una historia donde el amor es más fuerte que el odio, y la luz más potente que la oscuridad.
Entre las amplias paredes de una panadería de Londres, oculto sin el afán de esconderse, un chico de caireles color hojas oscuras de otoño se dedica a obsequiar su sonrisa y hasta trozos de su corazón a los clientes, en consecuencia caen por embelesamiento; sin embargo, un comensal en particular supo, desde la primera vez que vio al muchacho, que no existía ni existiría beldad semejante a la suya, y quizás sólo por eso vuelve al establecimiento en el que labora: por el anhelo inexorable de estar en presencia de aquel pedazo de edén.
Pero el desafortunado personaje teme, teme porque sabe que su falta de audición no le permitirá comunicarse fácilmente con el chico que emana luz dorada.
Donde Harry es el magnificente panadero por el que Louis, un joven sordo y acomplejado, se convence de que el mundo no puede catalogarse como lúgubre cuando la brillantez se personifica frente a él.