No fue un error. Fue un impulso. Uno que olía a tabaco caro, miraba con ojos verdes y hablaba con el acento de quien no teme a la muerte. Elowen Harper no buscaba amor, ni siquiera pasión, solo queria escapar; del ruido, de la rutina, de esa vida donde se asfixiaba entre órdenes, placas, y frías madrugadas. Ser teniente ya no la llenaba. Ya no bastaba. Y entonces lo vio. Vadim Volkov no buscaba ser encontrado. Pero esa noche, entre copas y luces tenues, algo en ella le rompió el pulso. Él, el hombre que dirige la mafia rusa con puño de hierro y sangre, no estaba preparado para una mujer como Elowen. Para su fuego. Para el riesgo de tocarla. Ella sabía quien era él, y aún así, lo beso primero. Fue solo una noche. Una noche de silencio, de piel, de perder el control. Pero hay noches que lo cambian todo. Y enemigos que saben a destino. Porque en el mundo de ellos, amar no es sólo un acto de entrega. Es una amenaza. Una traición. Un peligro. El peligro de amarte.
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