Sortilegios Un Amor Prohibido
Entre la luz y la sombra existe un puente que pocos se atreven a cruzar. Para mí, la luz tenía nombre propio: Fred Weasley. Adoraba su sonrisa, sus pecas y ese cabello rojizo que lograba abrumarme por completo, convirtiéndome en la «tonta sentimental» que mi padre tanto criticaba.
Mi padre lo era todo; el hombre más increíble de mi pequeño mundo y el espejo en el que siempre quise mirarme. Pero el destino es un amigo cruel. Siempre creí que la vida era cuestión de suerte, hasta que comprendí que lo mío no era azar, sino un sortilegio. Uno oscuro y asfixiante, porque en mi realidad, amar estaba prohibido.