Todos desde pequeños crecieron con las avertencias de:
"No le hables al rarito del salón" "No te acerques a él" "Ni siquiera deberías saludarle".
Aunque ya estando en bachillerato había una que no me dejaba de rondar en la cabeza: "Jamás te le acerques a Dereck Weller".
Yo siempre he seguido las reglas pero esa, esa siempre la he querido romper.
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