Ella siempre se había sentido cómoda en la sencillez de su uniforme blanco. Junto a su hermana, dos enfermeras morochas perdiéndose en el anonimato de los pasillos de un hospital, creían que su vida era monótona, casi predecible. Tenían mundos diferentes, sí, pero compartían la misma paz... o eso creían. Lo que nadie sabía, lo que ni siquiera ellas sospechaban, era que por sus venas corría la sangre de un imperio construido sobre el miedo: su padre era uno de los narcotraficantes más poderosos del país.
Eran las sombras de un hombre que el mundo temía, pero para todos, ellas no eran nadie. Hasta esa noche.
El silencio del turno nocturno se quebró con el frío de un acero malintencionado. En un parpadeo, Bianca pasó de ser su compañera a ser una ficha de cambio; un rehén. El grito de dolor de su hermana cuando la hoja del puñal penetró su piel quedó grabado en las paredes del hospital, y con esa herida, el secreto de su linaje comenzó a sangrar también.
En medio del caos, entre el olor a desinfectante y la sangre fresca, sus ojos se cruzaron con los de él.
No era un salvador, ni un desconocido cualquiera. Era un hombre envuelto en sombras, con una mirada tan profunda que parecía capaz de leer sus pecados más ocultos. Había mucho odio en esos ojos, un fuego antiguo que ella no alcanzaba a comprender. Ella solo tenía un objetivo: proteger a Bianca y escapar de esa pesadilla que apenas comenzaba.
Pero el destino es capricho y crueldad. ¿Qué pasará cuando el odio de ese extraño encuentre un nombre? ¿Qué pasará cuando ella descubra que el hombre que la mira con desprecio es el enemigo jurado de su propio padre?
Ahora, el mundo del narcotráfico ya no es una noticia lejana en la televisión; es una jauría que las persigue porque finalmente saben quiénes son. Entre el miedo y la huida, ella se pregunta si los latidos que siente son de terror o de algo más oscuro. Algo que se siente como amor, pero que podría ser la soga que la te
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