Viktoria

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WpMetadataNoticeLast published Sat, Apr 27, 2019
Llevado sobre una extraña relación. No hay amor no hay afecto, solo una simple costumbre de dos. Entre horas y minutos todo fluye a mi alrededor, como simple aire cálido que confunde mi interior. Llegó una suave brisa a mi refugio de perdición, confuso yo estaba ante toda esta situación. Unas bellas rosas rojas en frente de mi puerta se instaló. Dejando aroma deliciosa de frutas alrededor. Sus pétalos tan suaves como una nube de algodón. Hermosos tallo fino como el mismo pino que de la tierra surgió. Tus espinas son peligrosas y tan bellas a la vez , me hicieron verte de otra manera, que ni yo mismo pude entender. No sé si es correcto, pero solo me queda proceder, A este extraño sentimiento. Que causaste en mi ser. Te amo y te desprecio porque lo nuestro no puede ser. Pero tus espinas ya quedaron clavadas en mi piel.
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Unas horas antes todo se encontraba magnífico, era un día particularmente eufórico debido al hermoso festival que se esperaba con ansias en todo el imperio de Rhugold. Pero en ese momento nadie contaba con la catástrofe que se avecinaba ese cálido día lleno de alegría. En un rápido parpadeo se tornó frío, plagado de dolor y gritos que no discriminaron ni edades ni estatus. Su emperador estaba apunto de perder cabeza, pidiendo clemencia soltó una pequeña frase que todos hubieran deseado que se quedará arraigada a su garganta. -¡Pide lo que sea, te lo concederé! Solo detente. Que osado ofrecer algo cuando ya no se tiene nada. Ante la mirada llena sorna de aquel frívolo hombre, todos nos limitamos a escuchar con cuerpos temblorosos, ojos llorosos y cuerdas vocales prácticamente desgarradas. -¿Tienes algo que realmente valga? ¿Hmmm? No esperaba nada, era igual que un delfín, jugaba con su presa en sus momentos de agonía. -La mano de mi hija, la princesa Amaris, eso definitivamente es lo más importante que tengo, para mí tiene incluso más valor que los once imperios. Estábamos atentos a lo anteriormente dicho, sabíamos que jamás aceptaría ¿Verdad? Una carcajada escalofriante salió de su boca sin pudor alguno dejándonos atónitos y con el aliento atascado en la garganta. -Acabas de salvar tu cuello. Fue lo último que dijo entre risitas descabelladas antes de irse dejando en ruinas el reino y nuestros corazones. La primogénita del emperador, la princesa heredera, estaba destinada a ser entregada en manos del mayor enemigo del imperio. Pero no estaba dispuesta a terminar todo solo por eso, al menos con ella no sería tan fácil.

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