Con tan solo dieciocho años y apenas haber terminado la preparatoria por vía virtual me encontraba caminando por los grandes pasillos del lugar en el que he estado por cinco años. Cada vez que mis pasos descalzos tocaban el frío suelo recordaba cómo la gente me miraba, podía ver una pequeña sonrisa en sus rostros pero no de felicidad.
Si los milagros existen, entonces porque aun estoy aquí. Pedir un deseo a esta edad es lo más absurdo que haré en mi vida.
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