Estoy perdida, cada día más... El sol no sale por las mañanas y la luna tampoco lo hace por la noche. El frío inunda mi débil cuerpo y el desprecio sobresale en mi vida más que cualquier otro sentimiento de este mundo.
Huérfana, sola, maltratada, humillada, destrozada, usada, rechazada y pisoteada.
Cada mañana despierto deseando verme al espejo y ver un cuerpo diferente, una persona diferente, un hoga diferente, una familia, y una vida diferente. Odio ser Lou Allen, quisiera ser el perro de algún tipo rico, ellos viven mejor que yo. Malditos dieciocho años de tortura y sufrimiento.
Pero eso se acabo, no hay más. Esta noche huiré de casa. Mi maldito padrastro no abusará de mí ni una sola vez más, no me mandará a dormir a la calle cuando venga borracho, no va a quitarme el dinero de mi trabajo para gastárselo en alcohol. Mató a mi madre, pero no lo hará conmigo.
Más sola no puedo estar, más perdida mucho menos. Sólo me queda seguir, moverme y ubicarme.
Ahora, todo lo que veo es a él, todo lo que necesito es él y todo por lo que lucharé es él. Tal vez no me quiera ahora, tal vez no me necesite, pero haré florecer en él un cariño hacia mí, como yo lo estoy amando. No puedo dejar de pensar en él, lo amo. No me importa lo que la gente diga de él, nadie lo entiende, no es un antisocial, es sólo una persona víctima de alguna situación, y yo voy a investigar qué está pasando y lo ayudaré, sé que puedo lograrlo. Mi mundo gira a su alrededor, él es mi gravedad. Y ha tatuado en mi corazón su nombre. Me entregaré a él en cuerpo y alma, y tal vez pueda recibir amor por una vez en la vida, del único hombre que amo: Marco.
-Tus padres me habían dicho que eras muy reservada, pero nunca imaginé que tanto...
-¿Y qué más te contaron?
-¿Qué? -Eso no se lo esperaba.
-Qué que más te contaron. Porque conociéndolos, se habrán inventado unas cuantas más cosas lejos de la realidad. -Lo encaré. -¿Qué sabes? ¿Mis gustos? ¿Mis tallas? ¿Mis pasatiempos? Para ellos soy simplemente una niñita consentida a la espera de que alguien se encargase de mí, y, ¡oh, lo siento! Déjame decirte que fuiste el afortunado. Te ganaste la lotería sin jugarla. Ellos nunca sabrán cómo soy más allá de las enseñanza que me dieron desde que era una cría.
-¿Y como eres en realidad?
-Igual te lo hubiese contado ayer, cuando llegué a esta fortaleza inquebrantable sola... O esta noche, cuando íbamos a cenar juntos.
-¿Ves? Todos tienen cosas que echar en cara.
-¡Es tu culpa! -Me quejé mirándolo incrédula. -Si hubieses ido a buscarme a casa o simplemente haber aparecido ayer o incluso hoy como habías dicho, nada de esto hubiese pasado.
-¿Y qué quieres que haga? ¿Qué deje mis responsabilidades laborales de lado solo por venir a hacerte compañía?
-¡Por ejemplo! -Dije un poco más alto de lo normal.
¿Por qué parecíamos una pareja de verdad discutiendo como si lleváramos muchos años?
-Nadie me dijo que esto sería así...
-Nadie debería estar preparado para ser la moneda de cambio de sus padres, señorita Pearson.