Mi nombre es Gisel Wold, no soy aquella típica adolescente que sale de fiesta todas las noches y baila hasta que amanezca, desearía que así fuera, pero, esa no es mi realidad, esta es mi realidad.
Me detectaron este extraño cáncer a los 13 años, es muy raro en el mundo, muy pocas personas lo padecen y entre esas pocas personas, estoy yo. Todos daban por sentado que mi final llegaría, pues como digo, es tan extraño que es raro un medicamento para mantenerlo al margen; después de tiempo de búsqueda, encontraron el medicamento para este extraño cáncer, solo a 10 personas en el mundo les funciono, gracias a Dios, yo soy una de ellas. Hoy en día tengo 17 años y pronto los 18, los vivo a lado de mi hermosa familia, mis mejores amigos y mi perfecto novio. Pero, todo se vendrá abajo a la llegada de la granosa que empieza a arruinar mi vida y al poder que tomara el cáncer para terminarla. Acompáñame a vivir este viaje a lado de mis mejores amigos, la roba novios y mi novio, que estará lleno de altos y bajos, y que ademas te hará llorar de alegría, pero, también de tristeza... Lo siento, pero, nada es para siempre...
Cuando tenía 15 años, creía fielmente en el amor. Creía en la fidelidad de un hombre. Le atribuía todo lo bueno que un príncipe azul pudiera poseer, sin saber que ese hombre de príncipe no tenía nada. Él le prometió el cielo y la tierra, la luna y el sol a fin de cumplir sus más oscuros deseos. Y se aprovechó de su inocencia, cometió un acto aberrante a conciencia.
A sus 18 años comenzaba a ser la hermosa porrista de la universidad. Su estado de salud la orillo a realizarse un examen médico. El resultado le borro la sonrisa, le arruinó la vida. Él amor de su vida la contagió de sida. Los médicos trataron de estabilizar su cuerpo, más las consecuencias de la enfermedad eran evidentes.
El virus del VIH dio paso para que las células cancerígenas crecieran en libertad. Tenía Glioblastomas, uno de los tumores más severos y por su localización era incurable, crecería tanto, que provocaría su muerte. Se hundió en una fuerte depresión, hasta que apareció ella.
La doctora Jauregui sabía que no podía involucrarse sentimentalmente con pacientes, menos con una mujer 7 años menor que ella. ¿Qué importaba? Lograba robarse sonrisas de la paciente Cabello. No quería admitir que pasaba demasiado tiempo preocupada por ella. Tampoco quería asumir que perdería la causa contra el sida.
-Deseo saber lo que es el amor, quiero que me enseñes. -Era el único deseo de Camila antes de que su tiempo terminará.
Está historia es una adaptación. Todos los créditos a su autora: Trinidad Gallardo.