Siempre me gustaron los finales felices,
pero no aquellos de cuento donde siempre acaban juntos y para siempre.
Si no los finales en los que quieres llorar, llorar por todo.
Porque has sido feliz en algún momento.
Porque has sufrido entendiendo y comprendiendo la situación del protagonista, dándote cuenta de que no estás sola o solo.
Porque hay alguien que sabe lo que has pasado y sabe el daño que causa,
que lucha porque no se vuelva a repetir
y es capaz de encontrar sonrisas en ese momento tan doloroso y sacarle una utilidad.
La tristeza es una emoción, igual que la alegría y quizá sea necesario de vez en cuando vivirla.
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