Los sueños nos atemorizan, nos hacen querer volver con nuestra madre y desear que nada de aquello sea real, tememos a lo desconocido, pero todo aquello podría parecerle inquietante a nuestra mente, si nos detenemos a observarlo, los miedos nos mantienen vivos y con la impresión de que existimos, aunque la realidad juega con nuestra mente y escapar de ella se vuelve un desafío cuando se apodera de nosotros.
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