Defecto Primigenio
¿Estarías dispuesto a romper tu realidad por alguien que ya no debería existir?
A veces amar no es lo correcto... pero no hacerlo es una sentencia.
Esta no es una historia de redención. Es una historia de grietas.
Amelia aprendió a sobrevivir en la superficie de una vida que, en realidad, se terminó hace años. Tras perderlo todo en una sola noche, su existencia se convirtió en un ejercicio de equilibrista: sostenerse sobre silencios, enterrar los recuerdos y fingir que el pasado no tiene dientes.
Pero el pasado en Cravenmoor no se queda enterrado.
Cravenmoor no es solo una ciudad; es un sumidero. Un lugar donde las leyes de la física y la memoria parecen haberse corrompido, donde la niebla guarda más secretos de los que la cordura puede procesar. Cuando Amelia regresa, descubre que los ecos de su tragedia no se han desvanecido; han mutado.
Dylan.
Encontrarlo no trae las respuestas que Amelia buscaba. Lo que encuentra es una distorsión. Algo en él, en su mirada y en la forma en que el aire se vuelve denso a su alrededor, le susurra que las cosas en este mundo ya no funcionan como deberían. Él es el primer indicio de que la realidad se está fracturando.
Kael.
Aparece como un incendio forestal en mitad de una tormenta. No es una salida, no es un refugio; es el catalizador. Con él, Amelia descubre que el peligro no solo viene de afuera, sino de la imposibilidad de mantener el corazón a salvo en un lugar que se deshace a pedazos.
En Cravenmoor, la seguridad es un espejismo. Aquí, lo único que queda es el dolor, porque es la única prueba de que todavía estamos vivos.
Amelia tendrá que decidir: ¿seguirá intentando reparar lo que está roto, o aprenderá a habitar el vacío que dejan los que nunca debieron irse?
El abismo ya te está mirando desde las sombras de Cravenmoor.
¿Te atreves a cruzar la grieta?