Mazatlán se convertiría en el escenario perfecto para un romance juvenil profundo. Por ser una ciudad muy tranquila, era normal que nuevas personas llegasen a vivir allí todos los años, sobre todo a estudiar en un instituto público muy reconocido en ese estado. Para Juan, esto significaba nuevas aventuras, conquistas y mucha diversión; enamorarse figuraba primero en la lista de cosas prohibidas para él, sino a todo esto cambiará cuando Kim se atraviese en su camino, haciéndole vivir una de las experiencias más hermosas, pero también más dolorosas de su vida.
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