Cuando el enemigo que debería matarte tiene los labios más dulces que tu perdición, jugar con poder es firmar tu sentencia... o escribir una nueva ley. Christal cometió un error: robarle a D. Él es un Puro. Ella, una Descendiente con un secreto mortal. Su encuentro es un incendio: atrae, consume... y puede reducirlos a cenizas. ¿Puede el amor sobrevivir cuando el toque más tierno es un acto de guerra... y tu peor enemigo lleva el rostro de tu mayor obsesión? ¡ADVERTENCIA! No subestimes a Christal: una ladrona con un secreto puede cambiar las reglas del juego... o destruir el tablero. En este juego, hasta el amor es un arma cargada.
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