Sin lugar a dudas, la etapa más complicada de una persona es aquella que atraviesa justo cuando la búsqueda de sí mismo principia. Suele ser torpe, irreflexiva, volátil, irreverente, contradictoria y muchas veces te verás en un conflicto del que no pareces salir nunca. ¿No me crees? Entonces permíteme narrarte una historia que aguarda los sentimientos, ideales, necesidades y torpezas que la adolescencia indolente sobrelleva en todos nosotros.
Sometamos a los personajes al flagelo de la incertidumbre, del pensamiento irreflexivo. Hagamos que sientan que el producto de todas las decisiones que han tomado no es el deseado, que nunca serán lo que quieren ser, porque, quizás... nunca lo sabrán. Hagamos que ellos sientan, que se conmocionen, que sangren, que crean que su entierro es pronto, que algún día resuelvan en que el encuentro consigo mismo no es una sugestión sino el evento esporádico que sucede cuando las divagaciones del ser y la vagancia de la conciencia finalmente se entrelazan.
Rose Cárdenas sabe lo que significa sufrir por amar a la persona equivocada.
Sus malas decisiones, y un amor tóxico, la dejaron rota -tanto física como mentalmente -. Esto la llevó a huir de su realidad, creando un mundo imaginario donde todo es perfecto. Entre la realidad que odia y la fantasía que la protege, Rose deberá enfrentarse a su pasado para poder seguir adelante, cuando decide denunciar a su exnovio y el destino la hace reencontrarse, inesperadamente, con su primer amor, ahora convertido en un abogado. Juntos buscarán justicia, aunque hacerlo signifique sufrir y pasar por cosas que nadie jamás debería experimentar.
Pero la verdad siempre llega, y los recuerdos no se pueden borrar. Y cuando sus mundos comiencen a chocar, Rose descubrirá que no puede escapar de la realidad.
Esta es una historia donde la imaginación puede ser un refugio o la condena de una persona; donde la fragilidad y las heridas de la vida pueden convertirse en resistencia.