𝔈𝔩 𝔭𝔯𝔢𝔠𝔦𝔬 𝔡𝔢𝔩 𝔥𝔞𝔪𝔟𝔯𝔢
En un rincón olvidado de la ciudad, donde los gritos eran más comunes que las canciones, un niño aprendió a sobrevivir antes que a vivir. No por sí mismo, sino por sus hermanos. Tenía diez años y ya conocía el hambre, el miedo y el silencio obligado. Allí encontró un balón sucio entre la basura. Nadie lo quiso, salvo él. Con cada toque, el dolor desaparecía. Jugaba no por gloria, sino por pan. No por fama, sino por un futuro. Cuándo escuchó hablar de Blue Lock, no dudó. No buscaba ser el mejor del mundo. Solo quería asegurar un mundo mejor para los únicos que aún amaba.