El día que el cielo se oscureció, un tornado apareció sin previo aviso y convirtió todo en caos.
En medio del viento, el miedo y la destrucción, intenté salvar a una chica que no conocía. Solo pude hacer una cosa: tomar su mano y no soltarla.
Sobrevivimos.
Pero desde ese momento, algo cambió.
No entendíamos por qué, si éramos completos desconocidos, sentíamos que nuestras vidas habían quedado unidas desde ese instante.
Tal vez el verdadero desastre no fue el tornado...
sino lo que despertó dentro de nosotros después de él.