Emily nunca fue de enamorarse fácil, pero hay algo en la forma en la que Ian la mira -esa mezcla entre burla y algo más- que empieza a enredarla sin que se dé cuenta. Todo comenzó como una joda. Como un juego. Como un cruce en un pasillo que no debía significar nada. Pero con cada recreo, cada comentario, y cada mirada sostenida un segundo más de lo normal, algo dentro de ella empezó a cambiar. Entre amigas que saben todo, profesores que no tienen idea, y una rutina escolar que se siente como un campo minado, Emi tendrá que aprender a distinguir entre lo que parece y lo que es. Porque Ian puede hacerse el canchero todo lo que quiera... pero ella también sabe jugar. Una historia de mariposas en el estómago, de risas contenidas y silencios que dicen más que mil palabras.
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