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LA CARPA VERDE.

LA CARPA VERDE.

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WpMetadataNoticeLast published Sun, Sep 8, 2019
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Fiction
Science Fiction
Estaba sobre una camilla, vestida de una bata azul, la luz me cegaba la vista y por ende cierro los ojos, esperando paciente para que este exámen llegue a su fin. Creo que esto no tiene mucho sentido si lo cuento así, realmente nada de esto tiene sentido, la vida es muy injusta aveces. Hace poco mientras caminaba por mi casa por algo de comer empecé a sentir mareos muy fuertes, la cabeza me punsaba sin piedad alguna, las piernas dejaron de responderme y mi temperatura bajó considerablemente, estaba tan fría como un muerto, estaba pálida como la nieve y de repente, mi cuerpo yacía en un hospital, conectado a tubos extraños y a maquinas que hacían pitidos bastante molestos. -dígame que es una broma y que solo fue algo leve, algo conocido, por favor doctor...- escuché a mi madre desde la otra habitación. -señora, lo lamento mucho pero es la realidad, ya no podemos hacer nada, de todas formas es controlable.- el doctor respondió con una seriedad que me recordaba a un maestro, eso no es el punto, ¿que me pasó? -de todas formas gracias...- mi padre respondió y seguido de eso entraron a la habitación dónde reposaba. -¡Hey, que susto! ¿no es cierto? Quizá debería cuidar más mi alimentación, disculpenme.- respondí lo más alegré y carismática que pude. -hija, por favor, debes estar más sería en está situación.- -¿y cómo esperas que esté seria sino sé lo que es de mi en este momento? No sé lo que pasa, ¿alguien podría decirme que sucedio?- él dio un largo suspiro y con las palabras casi inaudibles, mi madre cubrió la mitad de la cara, y sonaban sollozos detrás de su mano. -los... los doctores dicen que lo tuyo es muy poco conocido, es casi inexistente, eres 1 de 200 casos en el mundo, lo tienen controlado pero ellos creen que en cualquier momento que tú cierres los ojo...- -¡Basta, André!- esto no va nada, nada bien...
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La vida es dura, te quita todo hasta que la escuchas reír maquiavélicamente en tu cabeza, disfrutando de tu dolor. La vida es injusta, difícil, cruel y vacía… lo es cuando una oscuridad te cubre de pies a cabeza expandiéndose a todo cuanto mundo exista, cuando te encuentras en una noche eterna donde ni siquiera puedes consolarte con la tenue luz de las estrellas o el brillo de la luna en el cielo, una noche que te nubla, te paraliza, te deja inútil, indefenso y a la deriva, siguiendo sólo los dictados de tu destino. Si las cosas deben pasar… pasarán. Aquí estoy yo, de pie esperando el impacto. E ingenuamente anhelando algo, cualquier cosa que me ayudara a continuar, algo que tardaría en llegar o bien, podría no llegar jamás. Pero esperando… siempre esperando. — ¡¡Justin!! ¡Ven aquí! —gritó mi madre cuando yo intentaba escabullirme por la puerta delantera. El ruido de la estructura de mi coche quebrándose por el choque aún resonaba en mis oídos cuando me vi dando tumbos, deslizándome y con las ruedas chillando contra el asfalto, era inútil tratar de domar al coche… era inminente. Cuando fui consciente de lo que tenía enfrente, ya era demasiado tarde. — Justin… —, empezó el médico y lo escuché más cerca de lo que imaginé —. Te tienes que quedar unos días más para ver tu evolución. Ha sido un golpe duro y los estudios dicen que has sufrido un traumatismo importante en el lóbulo occipital del cerebro. Incluso con mi escaso año de Medicina supe de inmediato qué era lo que pasaba. Me sentí impotente y las lágrimas de ira se escurrieron por mis inexpresivos ojos. Ciego. ¡Estaba ciego, maldita sea!

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