Tenía ojos cautivadores, no recuerdo el color de ellos o el resto de su rostro con real exactitud, y si lo hacía realmente estaba muy en lo profundo de mi memoria, oculto, sepultado, porque sinceramente no quería recordarle.
No voy a decir que no me atrajo, porque lo hizo, no sé cómo lo hizo o por qué, pero tenía esa chispa de atractivo que te hace querer seguirle hasta el fin del mundo. No era perfecto, o no al menos frente a los cánones de belleza establecidos por la sociedad que yo recordase al menos, pero me tenía atrapada, no sabía lo que era, si un ser humano o un monstruo o ambos, pero sí que le sentía atraída por algo que realmente no sabía lo que era.
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