sus ojos, tan brillosos y hermosos,
esos que adoraba mirar.
sus dulces labios, aquellos que
adoraba besar.
sus mejillas, que pedían a gritos
mis besos y mordidas.
su blanco cuello, aquel que
adoraba morder y marcar.
sus suaves manos, que encajaban
a la perfección con las mías, y
que eran tan suaves como la piel de
un bebé. porque era cada parte de él
que adoraba, era cada parte de él que
era tan hermosa y perfecta.
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