Me encontraba sólo en mí habitación
escribiéndole poemas a mí amada,
utilizando palabras suaves como el algodón,
para volver a encender esa mirada que mantiene mí mente hechizada.
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- No te enamores de mí.
Pero ya era tarde.
Ya me había enamorado.
Justo cuando me apretó entre sus piernas y me miró como si no me quisiera... pero me necesitara.