Ben es un chico de 19 años. Dejó su carrera de detective seis meses después de haberla empezado. El motivo es simple: cayó en depresión.
Todas sus esperanzas de vida, sus planes, sus sueños, sus aspiraciones y sus deseos se esfumaron tras la desaparición de su hermana pequeña, Jessica.
Los investigadores cerraron el caso, ya que a penas pudieron hallar una pista sobre la localización de la niña. Pero Ben no se conformó con eso.
Tras pasar un tiempo ahogándose en lágrimas, entre cuatro paredes mugrientas y alimentandose a base de fideos instantáneos, decidió retomar el caso. Ni si quiera se hacia una idea de lo que le esperaba...
Rob tiene 13 años y el alma hecha pedazos tras la muerte de su hermana. Solo, aislado y atrapado en una depresión que nadie parece entender, encuentra consuelo en la persona menos esperada: Fernando, el chico más problemático que conoce.
Lo que comienza como una amistad improbable, pronto se transforma en una conexión profunda que lo hará cuestionar todo: su dolor, sus recuerdos... y su propia familia.
Porque hay secretos que nadie se atreve a decir.
Y quizás... Juliana no desapareció por accidente. Quizás, su madre sabe más de lo que aparenta.
¿Qué harías si la única persona en la que confías pudiera haber sido la responsable de tu peor dolor?