Había una vez una señorita muy peculiar... realmente bella, singular en su clase; pese a ello nunca antes conocí a alguien tan amable como ella. Con su gran carisma y amabilidad siempre le gustaba ayudar a los demás; sobre todo... lo puro e inocentes que eran sus ojos.
A pesar de eso, ella se sentía muy solitaria como si en el mundo solo estuviera su existencia siendo tragada por el mismo infierno, tenía miedo a la verdad... no quería creerlo, solo quería ser feliz.
A pesar de encontrarse acompañada por aquellos que la amaban, ella solo añoraba la compañía de aquella adorada persona, a quien entregó su alma y vida, deseaba poder verla por última vez, tan solo una única vez, para ella un día bastaría, pero entendió que si lo hacía, regresaría su amargo pasado. Aquí es donde comienza esta historia.