Daniela y Samantha, personalidades, formas de pensar y estilos de vida completamente diferentes; muy cliché, pero científicamente, los polos opuestos se atraen y pueden hacerlo más de una vez.
Isabella y Samantha ya no son las mismas niñas que solían jugar interminables horas con sus muñecas y disfraces de superhéroes o que solían robarse besos a escondidas de sus madre y pese a que su amor creció al igual que ellas no lo tienen tan fácil como todos creían.