Me sucedía lo mismo de siempre. Me volvía cercano a las personas, pero ellas no a mí. Era el mismo modus operandi que aplicaba para todos y debía admitir que resultaba ser algo solitario. Sin embargo, a cambio de mi soledad, obtenía muchos ojos y muchos oídos a mi completa disposición las 24 horas del día. Ese encuentro que tuve con la mente de Miriam me permitió expandir mis horizontes. Gracias a ella conocí a Daniel y, por consecuencia, conocí a Sean. No tardé mucho en concluir que, si la mente de Daniel era un revoltijo sin ninguna forma lógica, la de Sean estaba tan bien estructurada que resultaba impenetrable. Ambos se manejaban en el extremo de lo imposible. Ambos fueron una gran motivación para mejorar mis habilidades y ahora, lo había conseguido. Estaba preparado para ayudarlos.
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