En un mundo donde las emociones han sido reemplazadas por protocolos y la identidad es un algoritmo asignado al nacer, una figura sin rostro deja caer un cuerpo decapitado desde la cima de un edificio. Y con él, comienza la fractura. No hay rostro. No hay registro de nacimiento. Solo hay una voz. Una voz que, durante años, fue ignorada. No hay héroes aquí. Solo fragmentos. No sabrás quién habla. No sabrás quién es la protagonista. Tal vez no sea ella. Tal vez seas tú. Anomalía: Este no es mi nombre no es una historia. Es una advertencia
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