Durante los primeros días del inicio de año en Laprida, el comisario Ruperto Anrríquez fue invitado a cenar por el ex intendente del pueblo, Agustín Ruiseñor. El anfitrión, sin vacilar le preguntó: -¿Comisario, qué se siente ser policía en un lugar olvidado por el diablo? -Yo no diría eso. Los agentes Palacios, Valdez y yo estamos trabajando en un caso de explotación sexual de menores. Tenemos fuentes que aseguran que un hijo de puta está haciendo trabajar a niñas, para que tengan sexo con ricachones, aquí, en Laprida. Se ve que el diablo no nos ha olvidado, don Agustín, y espero que Dios tampoco. -En todo caso espero que no lo haya hecho. Por cierto; le presento a mi familia: mis hijos Daniel y Sebastián, mi cuñada Carmen y mi amada esposa, Karen. -Encantado de conocerlos. -Presiento que nos vamos a seguir viendo, comisario.
More details