Érase una vez un niño llamado Toñito nervioso por su primer sia se clases.
Una mañana, estando el pequeño en la escuela, la maestra les indicó realizar una actividad de dibuje, el niño muy entusiasmado enseguida sacó sus colores y empezó.
Pero la maestra dijo que esperarán y esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar rosas, y empezó a
dibujar preciosas rosas con sus colores.
Pero la maestra dijo: - Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una rosa roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más la suya que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su profesora.
Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas
iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo: ¿No quieres empezar tu dibujo? Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer? No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra.
¿Y cómo lo hago? - preguntó. Como tú quieras contestó. ¿Y de cualquier color?
De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos
los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo? Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor como la que le habia enseñado su docente.
¿Alguna vez se han ido al museo y han quedado impactados por una hermosa pintura o escultura? Les apuesto a que si su respuesta es un sí, cuando la vieron por primera vez fue un gran proceso para poder amar o quedar encantados por ella, seguramente miraron minuciosamente cada parte de ésta, buscando algún error o intentando descubrir el porque es tan hermosa, pues yo pasaba por ese proceso todos los días. Todas las mañanas al desayunar buscaba ese error que cualquier artista cómete, pero nunca lo encontraba; iniciaba por su hermoso y suave cabello castaño con olor a frutitas, bajaba a sus ojos y tampoco había un error, ese par de ojos eran tan hipnotizantes que te hacían caer a sus pies una y otra vez; continuaba con sus labios, eran tan rosas que te incitaban a juntarlos con los tuyos, pero esos labios se veía aún más hermosos junto a su blanca sonrisa con la que podía iluminar tu día y hacía que tu corazón saliera y volviera a tu pecho en cuestión de segundos cuanto se marcaba el pequeño hoyuelo que tenia en su mejilla; y finalizaba por su piel, era suave y cálida con pequeños lunares como decoración, los cuales seguramente fueron colocados específicamente para hacerla lucir aún más hermosa Si tan sólo no me viera como su mejor amiga y me permitiera amarla.
-Dua, ¿Me quieres? -me miró dulcemente mientras en su labios se formaba una pequeña sonrisa
-No, te adoro
*Es todo menos una historia de amor, así que si buscas algo cursi y lleno de amor, está historia NO es para ti :))