"Corre, niña, corre y no vuelvas la vista atrás. Tus huesos valen oro y no dudarán en arrebatártelos si te encuentran", susurró la anciana antes de desvanecerse.
Cuando la más cruel de la enfermedades te hace olvidar lo que fuiste, te agarras a tus recuerdos como a un clavo ardiendo. Esperas que los que te rodean sean tu sostén para no quedar en el olvido.