
En aquel desierto que llaman el Sáhara hay veinte niños que el año pasado dedicaron a mi padre una sonrisa. Veinte niños que ahora juegan con aquellos juguetes que yo abandoné de niña. Veinte niños que sabrán disfrutar de mis peluches y muñecas mejor que otros que conozco que jamás lo harían. Desde hace tiempo imagino a aquellos chiquillos, su alegría, y siento que no perdí mis juguetes, sino que gané veinte sonrisas.All Rights Reserved