Jimin con sus dieciseis primaveras y el corazon desbordante de sueño, se sentia como un cuadro incompleto, sus pinceladas rubias y ojos grises solo tomaban sentido cuando la silueta alta y protectora de Jungkookse cernía cerca. En cada nota que cantaba, en cada trazo de su pincel o en el dulce aroma de sus panes recien horneados, habia un fragmento de el clamando por ser visto, por ser amado por el alfa de dieciocho años que consideraba su mejor amigo. Pero mientra Jimin vivia en la silenciosa melodia de un amor que creia prohibido, ignoraba el hecho que el destino, con su propia sinfonia ya habia marcado el compas para el dia en que su verdadera escencia Omega se revelaria, alterando para siempe la armonia entre ellos y obligandolos a bailar al ritmo de un beso que seria tan bonito como esprado.
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