hace tiempo hubo una mujer llamada Pandora, quien abrió una caja que estaba prohibida, de esta caja salieron muchos demonios y muchos ángeles, entre ellos los pecado capitales
Solo 7 pecados son reconocido en todo el mundo, la lujuria, la pereza, la gula, la avaricia, la vanidad, el orgullo y la ira, dejando de lado y olvidado a los peores pecados
no son 7, son 9, los otros dos pecados son los mas crueles y horribles pecados, el amor y la locura
todos los pecados fueron venerados por los humanos un tiempo y consiguieron tanto poder, tanto que los dioses decidieron eliminarlas, pero no podían hacerlo, no las eliminaron, solo lograron sellarlas en cuerpos humanos, pero casi inmortales, ya que no podía morir de vejez y no envejecían, siempre pareciendo de 16 años, (solo podían morir con un arma creada con las plumas de un ángel) y todo con la ayuda del octavo pecado, Amor
eso no le gusto a sus hermanas, así que con el arma de plumas de ángel, lograron matar a su hermana, pero no para siempre, Amor reencarnara
ahora en la actualidad los pecados descubrieron una forma de volver hacer diosas, pero para eso tienen que encontrar a su hermana, la cual ya a reencarnecido y esta mas cerca de lo que ellas creen
Los dioses no temen la guerra. Temen el deseo.
En la penumbra del Olimpo, las Moiras tejían un hilo dorado que latía con una fuerza indomable. Susurros de un destino imposible se filtraron en el mármol sagrado, arrastrando consigo el eco de una advertencia:
"Cuando la hija del pecado y el error despierte, los corazones divinos caerán en su trampa. Cuatro dioses la desearán, cuatro mundos se inclinarán ante su furia. Si su ira arde, no habrá Olimpo, ni Inframundo, ni campo de batalla que sobreviva a su sombra. Porque ella no es una mortal. Ni siquiera una diosa. Es el caos encarnado, la grieta en el orden eterno."
Zeus sintió el peligro en cada palabra, pero no pudo apartar la mirada. Hades pensó en lo inevitable, en lo que significa amar a una criatura destinada a la ruina. Apolo sintió el sol temblar, atrapado en su propia luz. Ares, con su sonrisa feroz, entendió que por primera vez conocía la guerra que jamás podría ganar.
Lejos de su mirada, en el rincón olvidado del mundo, una estatua se quebró.
Las olas la abrazaron, y la piedra respiró.
Asha Kaelione abrió los ojos. Y los dioses, sin saberlo, ya estaban perdidos.