La venganza siempre parece sencilla cuando nace. Comienza como un pensamiento, muchas veces silencioso. Después, sin darte cuenta, se convierte en un intenso deseo que te consume y se transforma en tu único propósito. Entonces ya no importa cuánto hayas perdido, cuánto debas sacrificar o a quién tengas que arrastrar contigo. Porque la venganza no busca justicia. Pero nadie te advierte que hay heridas que no se cierran después de vengarlas, y tus "enemigos" no son los únicos que terminan pagando el precio de tu ira. Al final, cuando todo cuanto amas queda reducido a cenizas, puede ser demasiado tarde para preguntarte si realmente valió la pena.
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