La vida de Kristina Salonen da un giro drástico cuando decide dejar su vida en California para mudarse a Nueva Zelanda, huyendo de las responsabilidades y todo lo que le ata a su pasado, intentando encontrarse a sí misma en un lugar nuevo. Su primer día en la isla no empieza con buen pie cuando acaba perdiéndose por la carretera de regreso a su nuevo hogar. Y todo empeora cuando descubre que va a tener que ver día a día a su vecino, borde y cabezota, porque resulta que también es el jefe de su nuevo trabajo en la isla. Ahora Kristina estará en la encrucijada de intentar llevarse bien con él, pero también querer saber más sobre su pasado y su vida en Nueva Zelanda, aunque eso signifique no hablarse con sus padres ni volver a tocar el instrumento que tanto sentido le daba a su vida: el violín.
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