Ella era invisible para el mundo. Hasta que lo escucho pronunciar su nombre y ese diminutivo tonto. Fue fría su voz, vacía su mirada pero bastaba una caricia para encender en ella una esperanza. El no la amo. No al principio. Y cuando finalmente lo hizo.. ya era demasiado tarde. Ya no se aferraba a el, a su afecto. La ausencia de ella lo volvió adicto. A su voz, a su presencia, a su existencia. Sin ella se pudre, se consume. La quiere a ella, sea como sea. Aunque duela. Aunque sangre. Aunque tenga que encerrar su libertad para poseer su corazón.
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