En la antigüedad, los griegos pensaron que cada ser humano poseía dos pares de brazos, dos pares de piernas y dos rostros, se decía que de esta manera éramos felices, nos sentíamos completos, tan completos que los dioses pensaron que de esta forma perderíamos la necesidad de alabarlos y decidieron dividirnos en dos mitades idénticas, dejándolas vagando por la tierra hundidas en su mísera, en un anhelo perpetuo, añorando, deseando la otra mitad de nuestra alma. Se dice que cuando las mitades se encuentran hay un entendimiento tácito, una unidad y que no existe mayor dicha que el volver a ser uno solo.
Muchos de esos seres jamás encuentran su otra mitad, su complemente, pero para Victoria y Andrea, esta no sería su historia