Aquellos ojos chocolate, profundos como el mar, traviesos pero intensos que le sacaban el aliento y que parecían atravesar su alma entera, sus ojos favoritos, habían hecho que sus segundos ojos favoritos, aquellos oscuros como la noche, almendrados y tan dulces que te podías derretir en ellos, derramasen tantas lágrimas, suficientes para llenar un océano entero. Entonces, ¿en qué posición lo dejaba esto? •Double B•
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