Milenka
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WpMetadataNoticeLast published Thu, May 28, 2020
Milenka era un alma añeja en el cuerpo joven, fresca piel y brillantes ojos. De mirada profunda y agradable platica, de insolente comportamiento. Milenka era la hija de un médico y una empresaria farmacéutica. De agradable olor de flores en la cúspide de su vida y mirada perdida. Desde pequeña mostró talento para el baile, pero se le negó su talento. Mostró agrado por la medicina natural, rechazando los ideales de sus padres. De cabello color celeste como su padre y mirada platina como su madre, parecía de otra familia su personalidad. De una gran inteligencia y sabiduría para su edad, sus padres estaban orgullosos...y ella oxidada. Bajo la luz de la Luna bailaba con su soledad en espera del mañana. Milenka era pequeña y de grandes sueños; abandono el nido donde vivía. No tenía quejas de sus amorosos padres, de la calidez de su hogar o su perfecta vida. Pero algo faltaba al calor de la mentira... De hambre grande por descubrir partio con el barco de la libertad. Volvió a su hogar donde no era bien recibida. Vio la muerte, la vida y la continuidad en una única piedra. Milenka no podía aceptarlo.
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Había escuchado que la sangre llama, pero, ¿Qué hay del corazón? Ella era una mujer que invocaba casi a gritos, que imponía a pesar de su carácter maternal y dócil con sus subordinados, con la mayoría de personas que la rodeaban en realidad. Su piel blanca, su cabello rojo, largo y abundante cayendo en coleta o trenza por su espalda, susurraba que lo tocasen, que lo conociesen. Toda ella lo hacía. Incitaba a caer viciada en su profundidad, aunque de forma serena. Y yo, que ahora me daba cuenta que me distinguía tan poco, que había explorado tan poco de mí por estar tratando de huir de un pasado manchado, del que me recriminaba cada que podía; me dejé caer irremediablemente en su red. Por más que intentase lo contrario sucumbí a ese magnetismo que tejía sin darse por enterada a mí alrededor. Me fue imposible buscar una salida, un lugar para esconderme cuando sus hermosos ojos que le hacían honor a su nombre -sobre todo en días de verano- me enviaban a volar alto, me dejaban ver, desde la tierra el más hermoso cielo. Quizá su magia era que no poseía uno, más bien, poseía mil: divinos, fugaces, coléricos, vivaces. Yo llegué a querer conocerlos todos y por qué no, perderme en cada uno de ellos.

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